Javier Milei y la teología política: una lectura desde Rabí Moshé Jaim Luzzatto  

Por Facundo Milman.

“Todos los precisos conceptos (…) de la teología son conceptos políticos teologizados”.

Jan Assmann, Poder y salvación. Teología política en el antiguo Egipto, Israel y Europa (2015).

El estado actual de las cosas

El presidente de la Argentina Javier Milei no es judío, pero se acerca mucho al judaísmo y los judíos. Desde amigos, pasa por rabinos de la colectividad judía y miembros activos de las comunidades judeoargentinas. No obstante, muchas de sus decisiones políticas, y ya no sólo el aspecto espiritual, están basadas en visiones del judaísmo que le han llegado o ha estudiado. ¿Por qué Milei hace este uso del judaísmo? Y, para ser más preciso, ¿en base a qué enseñanza de cuál rabino toma estas decisiones?

El antecedente teológico-político

En la miscelánea transposición entre una religión y una tradición, no hay más que la intención de poder encontrar un parangón de la crisis de espiritualidad que atraviesa la Argentina. Los esbozos de respuestas son variados y aglutinantes: van desde el FMI, proponer una “filosofía muy interesante”, un laicismo judío de izquierda, un retorno a la Iglesia y al papa Francisco como la figura más importante en la argentina moderna. En esta crisis, que desde ahora podríamos llamar crisis espiritual, Javier Milei se inserta como el presidente cristiano apostólico-romano que más se acercó al judaísmo en la historia argentina.

En un principio, quiero señalar qué se entiende por teología política. Porque me remito a Carl Schmitt, el jurista alemán, y su Teología política (2009): “Todos los conceptos centrales de la moderna teoría del Estado son conceptos teológicos secularizados”. Carl Schmitt, en estas breves palabras, adjudica a la teología como política central del Estado. Todo lo que sucede en lo teológico, también ocurre en el ámbito de lo político. En la Cábala, es decir, en la mística judía, hay un principio que ya aparece en El Zohar (El libro del Esplendor): todo lo que sucede arriba, también sucede abajo. La teología política sería, por así decirlo, un movimiento análogo de la mística. Porque así se encuentra escrito: «Todo cuanto acontece al hombre en esta realidad física se revela previamente a través de sueños».

Es sugestivo que la cosmovisión liberal libertaria tiene un trasfondo religioso y, desde ahí, parte todo: la política, la geopolítica y sus conexiones. La teología política de Javier Milei se encuentra fundamentada en un retorno de la teología judía banalizándola -ya que mezcla tradiciones como la judía con la cristiana e incorpora nuevos elementos de la modernidad, entendámonos, el movimiento pentecostal- con fines políticos. Su repertorio incluye no sólo metáforas e hipérboles judías, sino también elementos de la tradición cristiana -como es el caso de reconocer a una autoridad estatal (¿qué es la autoridad dentro del judaísmo? Porque si algo tiene el judaísmo, es la multiplicidad de voces; si algo el judaísmo hace de las voces, es la posibilidad de construir poder a través del desacuerdo) y religiosa como el Papa Francisco, es decir, ¿es este el anarcocapitalismo que promete? ¿Ser un anarquista de mercado en lo local pero un conservador por fuera del mercado, por fuera de las religiones monoteístas y por fuera del Estado? Pero también citar en forma continua el libro de Macabeos: “La victoria en la batalla no depende de la cantidad de soldados, sino de las fuerzas que vienen del cielo” (1 Libro de Macabeos 3:19). El libro de Macabeos se encuentra por fuera del tiempo de canonización de la tradición interpretativa del judaísmo. De esta forma, Javier Milei constituye un caso paradigmático de la banalización de lo judío, debido a que mezcla sin distinción alguna al judaísmo rabínico con la tradición cristiana en la cual tiene educación. Tampoco es casual que el mismo Francisco le haya dicho cuando Milei lo fue a visitar: “Gracias por venir a verme, vos que sos medio judío”. La máxima autoridad del Vaticano identificó en Milei la educación cristiana recibida con la banal transmisión del judaísmo por Shimon Axel Wahnish, el entonces rabino y consejero espiritual del presidente -tradición que encuentra una interpretación, que se transmite a través de la vibración de las letras.

El liberal libertario se encontró, en su candidatura para la presidencia de la República Argentina, con una promesa indisoluble: convertirse al judaísmo. En una entrevista con Eduardo Feinmann, para LaNación+ en septiembre de 2023, declaró: “No voy a la iglesia, voy al templo. No hablo con un sacerdote, tengo un rabino de cabecera. Estudio la Torá. Se me reconoce internacionalmente como amigo de Israel y estudioso de la Torá. Estoy a poco [de la conversión], solamente me falta el pacto de sangre”. El judaísmo de Milei no es un judaísmo, es un acercamiento a la institución religiosa judía: sinagoga, rabino y Torá. Lo formulo de otra forma: un anarquista -sea social, político y/o de mercado- no puede no reconocer al Estado como amo y poder, pero reconocer de la institución religiosa en todos sus estamentos. Los ropajes judíos de Milei constituyen, por lo tanto, la forma más acabada del antisemitismo del siglo XXI.

La complejidad se impone. Porque a Milei no lo habita un odio hacia el judaísmo o los judíos, sino una predilección. Si sigo al docente y ensayista Alejandro Kaufman, lo de Milei es una superación del ya clásico “tengo un amigo judío”: Milei sostuvo que se encontraba en el estudio de la Torá. Dicho de otro modo, ¿cuál es la mejor forma de despegarse de la etiqueta de antisemitismo? Ser judío, acercarse al judaísmo o, desde ya, convertirse en eso que tanto desea. Pero hay otra forma de pensarlo: el sociólogo Zygmunt Bauman propone usar la palabra “alosemitismo” en donde ingresan tanto el antisemitismo, el odio al judío, como el filosemitismo, el amor al judío. Porque, en lo fundamental, se trata de una diferenciación del judío como lo Otro -sea tanto a partir del odio como del amor. En este sentido, Milei se quiere convertir al judaísmo para no diferenciar al judío por ser judío sino más bien para que no lo puedan acusar de una vez y por todas de antisemita.

Sin embargo, esto no termina acá porque Milei pidió -desde el Ohel del Rebe de Lubavitch, la tumba donde reposa el último líder de la dinastía jasídica-, a partir de su asunción como presidente, como Shimon Axel Wahnish, su guía espiritual y embajador designado para Israel, tres deseos: tener sabiduría, templanza y coraje. Este triple deseo fue compartido por Milei con Wahnish, pero también fueron los mismos deseos del Rey Salomón para gobernar la Tierra de Israel.

La teología política de Milei a través del Rabí Moshé Jaim Luzzatto

Sin embargo, las razones teológico-políticas de Javier Milei son compartidas por su guía espiritual porque están acompañadas y fundamentadas en los distintos sabios y rabinos de Israel. Pero me quiero centrar en uno específico: en el rabino Moshé Jaim Luzzato o, como su acrónimo lo indica, el Ramjal. No se trata de una deliberación egoísta o un hecho azaroso elegir al Ramjal ya que la enseñanza de lo que absorbió Javier Milei de judaísmo, también es lo propio de este sabio de Israel. Debería señalar que si bien el Ramjal fue un escritor prolífico, propongo hacerlo desde dos libros de enseñanzas más que considerables como Derej Hashem (2003) y Mesilat Iesharim (1997). El primero realza y sistematiza los fundamentos del judaísmo como la existencia de Dios, la Creación, la Revelación y la Redención, mientras el segundo tiene el carácter del perfeccionamiento de las middot (las cualidades) para alcanzar el Olam Habá (el mundo venidero), es decir, alcanzar el objetivo como seres humanos.

En la introducción de Derej Hashem, está la primera clave para entender la teología política de Javier Milei: “La superioridad del conocimiento específico de las cosas, en forma indiscriminada y comprendiendo su interrelación, es similar a aquella que existe al observar un jardín embellecido con sus plantaciones y surcado de atractivos senderos”. El Ramjal es claro porque una vez que uno puede conocer las cosas, también puede identificar cómo actuar en el mundo. Luzzatto lo afirma de forma sustancial: para actuar en el mundo, primero debo conocer cada cosa en su especificidad. En este sentido, se entiende el porqué Milei quiere mudar la embajada argentina de Tel Aviv a Jerusalén. Porque comprende (o cree hacerlo) que Dios al decir primero la palabra Jerusalén afianzaba un destino para el pueblo judío y el Rey David lo termina por cumplir. Milei, por tanto, se ve proyectado en esa fantasía que supone un encadenamiento mesiánico-profético: Moisés, David y Milei. Así como Moisés iba al encuentro de una Tierra Prometida a la que nunca llega y David estableció a Jerusalén como la capital de Israel, Milei quiere establecer la embajada argentina en Jerusalén. El erudito judío Jacob Taubes dio una lección ejemplar: “Como no hay teología sin implicaciones políticas, tampoco hay teoría política sin presupuestos políticos”. En otras palabras, si Javier Milei fundamenta su política en la teología judía, la misma política no es sin efectos en la política de lo real. Porque así como no hay milagro sin intervención en lo real de este mundo, no hay poderes excepcionales sin modificaciones de los mundos superiores.

El Ramjal sustenta su posición en tener conocimiento específico de las cosas y sostiene: “Pues el conocimiento individual (…)  se desconoce (…) pues se esforzará y pugnara sin descanso ya que la comprensión de cada cosa despertara en su ser el ansia por el conocimiento total”. La teología política de Milei se argumenta en el conocimiento individual para luego ir al conocimiento total. En esa encrucijada, el libertario se incluye en un itinerario de profetas, reyes y patriarcas del judaísmo. Milei se identifica con el judaísmo porque así como el pueblo judío sostiene una lucha histórica por su supervivencia, el libertario ve que sus enemigos lo quieren borrar del mapa de la política y esto se debe al desconocimiento propio del judaísmo. Pues el judaísmo es una tradición interpretativa, es una lucha de interpretaciones, como también tiene una tradición de falsos mesías en su historia. Sólo pensemos en Jesús, Shbatai Tzvi y Jacob Frank. En este aspecto, Milei no encuentra marco ni teología para hacer de su programa político una realidad.

En Mesilat Iesharim, el Ramjal acierta en su forma de leer la realidad: “He escrito esta obra no es enseñar a los hombres lo que no conocen, pero para recordarles lo que ya saben y es muy evidente para ellos (…)”. Luzzatto no afirma nada nuevo, no trae una novedad consigo, sostiene cosas evidentes. Por el contrario, es conocido lo que expone. El Ramjal trae consigo la explicación de lo obvio y, como señala el crítico literario y semiólogo Roland Barthes (Barthes, 1986), obvio quiere decir que va por delante. Pero no porque no se entiende, el Ramjal más bien explica lo obvio porque se tiende a olvidar. Luzzatto comenta: “Pero en la medida en que ellos son bien conocidos y sus verdades reveladas a todos, por lo que es el olvido en relación con ellos muy frecuente”. Esta afirmación produce sentido en la teología-política de Milei porque, si bien prometió claramente finalizar su conversión al judaísmo, aquella promesa se diluye en una oratoria vacía. De hecho, cabe pensar en la entrevista que el presidente le concedió a Times of Israel donde afirmó: “Sabes que si eres un converso, debes cumplir con todos los preceptos religiosos judíos. […] La cuestión es que posiblemente planearía convertirme después de que termine mi carrera política”. 

Javier Milei parece no recordar su palabra, la palabra propia, que tanto peso tiene en la política nacional. Así como él llegó al poder, entre tantas cosas, por “no mentir”, es decir, por no ser un político y ser un trabajador del sector privado, también cabría pensar que no se puede desdecir de lo pronunciado. La promesa política era clara: cuando sea presidente, me voy a convertir al judaísmo; esa era la forma de una teología política renovada. En este caso, Milei mintió a sus votantes, como en la mayoría de sus propuestas no realizadas. Por eso es fundamental el aporte y la lectura de Moshe Jaim Luzzatto, en tanto hace énfasis en no olvidar los preceptos, las promesas y los mandamientos.

No obstante, Javier Milei no sólo fundamenta su teología-política en la teología judía banalizada sino también profana las palabras de Dios y termina por mentir con respecto a su conversión. Él desea y quiere cumplir con su palabra, pero desde la teología a la política. El problema, uno de los tantos, es que la realidad se encuentra con complejidades. Por caso, la conversión, para los judaísmos, no es un asunto tan sencillo como parece. Las intervenciones, en distintos medios, del presidente lo dejan expuesto. Porque una cosa es decir que se quiera convertir, que tenga la intención de ser judío, y otra muy diferente es que efectivamente se convierta. Hay pasos, mediaciones y, sobre todo, prudencia a la hora de declarar tales cosas. 

El experimento liberal libertario es un tanto arriesgado y uno de los fundamentos de los judaísmos es la responsabilidad. ¿El presidente argentino cambiará de parecer? Por lo pronto, no parece ser el caso pero la responsabilidad tarde o temprano volverá a hacer su llamado.

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